La importancia de los pequeños gestos

Muchas veces no somos realmente conscientes del impacto que tienen nuestros gestos y expresiones faciales cuando interactuamos con los bebés.

Esta semana os traigo un pequeño vídeo de un experimento realizado por el Dr. Tronick llamado “Still Face”, que traducido al castellano significa “Cara Quieta”:

Como podéis ver, el bebé ante la cara seria de su madre tras un periodo de estimulación intenta de forma desesperada despertarle de ese letargo y saca toda su artillería de encantos y habilidades para intentarlo. Cuando no lo consigue, el bebé empieza a sentirse incómodo y aumenta su ansiedad ante la impasible cara de su madre. En el momento en el que su madre retoma de nuevo la estimulación con su hijo, éste es capaz de regularse y calmarse en un breve periodo de tiempo volviendo a la interacción positiva con la madre. Esta brevedad del bebé para conseguir calmarse de nuevo es lo que habla de un bebé con un apego seguro, así como de una madre que desde su nacimiento ha estado receptiva y ha sabido leer las emociones que su hijo expresaba. Pero, ¿cómo llegar a esto?

La comunicación en los primeros meses de vida con el bebé se caracteriza por ser una comunicación emocional o como dice Stern el “entonamiento afectivo”, una función fundamental para el desarrollo de los vínculos de apego sanos.

Cuando el bebé nace y hasta aproximadamente los 5 meses se da una fase donde piensa que mamá y él o ella son la misma persona. Sin embargo, progresivamente y si esta comunicación emocional se realiza de forma constante y predecible, el bebé va aprendiendo que él tiene sentimientos y sensaciones diferentes a las de sus padres. Habitualmente, esta comunicación fluye de forma instintiva, pero si pensamos en cómo interactuamos con los bebés nos daremos cuenta de que solemos cambiar nuestro tono de voz y nuestra expresión se vuelve mucho más teatralizada. El primer paso para una comunicación emocional efectiva es saber leer qué emoción está sintiendo mi hijo/a y como respuesta la madre o el padre imita de forma exagerada esa emoción. Esta interacción ayuda al bebé a comenzar a comprender que esa emoción que ve en su padre o madre es la suya propia y poco a poco irá descubriendo un mundo emocional lleno de sorpresas. Esto podemos verlo perfectamente en la interacción que hace la madre con su bebé antes de quedarse congelada.

Esto es la teoría, y podríais pensar lo fácil que es decirlo pero en el día a día surgen momentos donde uno no siempre consigue sintonizar con las emociones de sus bebés y podéis pensar “¿Lo estaré haciendo mal?”. No, meter la pata es lo habitual. No se daña a un bebé si esto sucede. La madre del vídeo no ha traumatizado a su hijo por hacer ese experimento, porque igual de importante que resulta sintonizar y comunicarte de forma efectiva con tu bebé también lo es saber reparar los momentos de error en la comunicación, de lo cual también aprendemos tanto padres como hijos. El problema estaría si estos fallos en la comunicación emocional con el bebé o con el infante se produjeran de forma repetida y sin existencia de reparación posterior, donde podrían surgir a la larga un estilo de apego evitativo. Si por el contrario, esta diada relacional madre/padre e hijo/a se da de forma intermitente, unas veces adecuada y otras en la misma situación se responde de forma inadecuada, podría ocasionar a largo plazo un estilo de apego ambivalente.

Por eso, estar atentos a los pequeños gestos y señales de comunicación que los bebés nos hacen es tan importante. Con sus sonrisas, sus gritos o palmadas quieren decirnos lo contentos que se sienten de que les atendamos; o bien si lloran, se quejan o fruncen el ceño nos quieren hacer saber que están enfadados y no saben cómo manejar esa emoción que les desagrada y a través de estas interacciones podemos ayudarles a autorregular mucho mejor sus emociones cuando aún no tienen un lenguaje para poder expresar qué les pasa.

Carmen Domingo Peña

Psicóloga infanto-juvenil y psicoteraoeuta Relacional

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